¿Qué esconde el llegar demasiado temprano o demasiado tarde a los sitios?

Descripción de la publicación

5/12/20262 min read

a person wearing a watch
a person wearing a watch

Llegar demasiado pronto o demasiado tarde a los sitios suele interpretarse como una simple cuestión de puntualidad, hábitos o rasgos de personalidad. Sin embargo, en algunos casos, estos comportamientos pueden cumplir una función psicológica más profunda: convertirse en intentos de gestionar el malestar emocional.

LLEGAR DEMASIADO PRONTO

Llegar pronto, en sí mismo, no tiene por qué ser problemático. De hecho, para muchas personas puede ser simplemente una forma de organización o una preferencia personal. La cuestión cambia cuando hacerlo va acompañado de un malestar intenso o responde a una necesidad interna difícil de gestionar.

Por ejemplo, hay personas con tendencia a sobrepensar las situaciones, anticipando constantemente lo que podría salir mal. En estos casos, llegar con mucha antelación puede convertirse en una manera de reducir la incertidumbre y recuperar una sensación de control. Si además existe una fuerte necesidad de tener todo previsto y planificado al detalle, cualquier pequeño imprevisto puede vivirse como una amenaza. Paradójicamente, cuanto más intentamos controlar todo para sentirnos tranquilos, más fácil es acabar desbordados. Lo que inicialmente parecía una estrategia para calmarnos puede terminar generando el efecto contrario: más ansiedad, más tensión y una sensación creciente de descontrol.

Otro factor frecuente es el miedo al juicio de los demás. La preocupación excesiva por causar una buena impresión, por no parecer irresponsables, desorganizados o poco comprometidos, puede llevarnos a adoptar conductas preventivas, como llegar excesivamente pronto, con el objetivo de evitar cualquier posibilidad de crítica o desaprobación. Cuando nuestro comportamiento empieza a estar demasiado condicionado por cómo creemos que los demás nos perciben, es posible que no estemos actuando desde la libertad, sino desde el miedo.

La autoexigencia también puede desempeñar un papel importante. Muchas personas conviven con una voz interna especialmente crítica, un “juez interno” que señala constantemente lo que no está suficientemente bien hecho. Desde esa lógica, llegar muy pronto puede convertirse en una forma de intentar acallar esa exigencia interna y disminuir la incomodidad que genera. Sin embargo, cuando estas estrategias se convierten en la única manera de sentir alivio, terminan reforzando el problema de fondo.

LLEGAR DEMASIADO TARDE

En el extremo opuesto, llegar tarde tampoco siempre responde a una simple falta de organización. En algunos casos, puede existir un componente ansiogénico diferente. Hay personas que, de manera más o menos consciente, se exponen al estrés del último minuto como una forma de activarse, ponerse a prueba o incluso buscar una sensación de intensidad o adrenalina. El problema aparece cuando este patrón se repite y acaba extendiéndose a otras áreas de la vida, generando cada vez más malestar, estrés y dificultades relacionales.

EN CONCLUSIÓN...

En definitiva, el comportamiento en sí mismo —llegar pronto o llegar tarde— no es necesariamente el problema. La pregunta más interesante suele ser: ¿qué función cumple este comportamiento en mi vida? Si se ha convertido en una estrategia repetitiva para intentar reducir ansiedad, evitar malestar o sentir una falsa sensación de control, quizá merece la pena explorarlo con más profundidad.

Porque, a veces, no se trata de puntualidad. Se trata de cómo estamos intentando gestionar lo que sentimos.

Si te ha gustado esta publicación en el blog y estás buscando psicóloga en Mallorca para iniciar terapia psicológica para adultos, pareja o infancia-adolescencia, por favor, no dudes en contactar conmigo, Neus Moyá, Psicóloga General Sanitaria. Estaré encantada de escucharte y acompañarte en tu proceso de cambio desde mi consulta psicológica en Son Verí Nou, muy cerca de Palma y Llucmajor