Dificultades y bloqueos en el estudio

Situaciones comunes en niñ@s y adolescentes

4/22/20264 min read

a man sitting at a desk working on a laptop computer
a man sitting at a desk working on a laptop computer

Las dificultades en los estudios durante la infancia y la adolescencia son uno de los motivos de consulta más frecuentes en psicología, siendo una demanda especialmente planteada por los cuidadores principales. A menudo, se describen como falta de motivación, problemas de concentración y atención, procrastinación, bajo rendimiento o incluso rechazo directo hacia el estudio. Sin embargo, desde la terapia breve estratégica, estas dificultades no se entienden como un “déficit” del infante o adolescente, sino como el resultado de un sistema de intentos de solución que, contrariamente a lo esperado, están manteniendo o agravando el problema.

Cuando el problema no es el problema

Uno de los pilares de la terapia breve estratégica es que el problema no reside tanto en la dificultad inicial, sino en cómo se ha intentado resolver. Por ejemplo, un niño que empieza a evitar estudiar porque se siente incapaz puede recibir más presión por parte de los padres (“tienes que esforzarte más”), más control (“te voy a supervisar todo el rato”) o incluso más ayuda (“vamos a hacerlo juntos continuamente”). Aunque estas respuestas parten de una buena intención, pueden generar efectos contraproducentes:

  • Aumentan la percepción de incapacidad del niño.

  • Refuerzan la dependencia.

  • Incrementan la ansiedad ante el estudio.

  • Convierten el estudio en un campo de batalla familiar.

Así, el problema deja de ser “le cuesta estudiar” para convertirse en un círculo vicioso donde lo que se está haciendo para solucionar el problema, paradójicamente lo mantiene.

Tipos de dificultades frecuentes desde esta perspectiva

Desde la terapia breve estratégica, es útil diferenciar cómo se manifiestan las dificultades:

1. Exceso de exigencia

Niñ@s o adolescentes que sí quieren estudiar, pero se paralizan o tienen ataques de nerviosismo "inexplicables". Suelen tener miedo al error, tendencia al perfeccionismo o una autoexigencia muy elevada. Aquí, el estudio se convierte en una fuente de ansiedad más que de aprendizaje.

2. El estudiante atemorizado

Casos en los que el menor se bloquea o evita el estudio de forma clara por elevada ansiedad: lo que genera miedo intenso es el hecho de sentirse juzgad@s por sus compañer@s o maestr@s y por ello rechazan preguntar dudas, hacer exposiciones, hacer exámenes...

3. Dependencia del adulto

Niñ@s que solo estudian si hay un adulto presente o necesitan ayuda constante. Esto suele venir reforzado por dinámicas familiares donde el adulto ha asumido demasiado el control del proceso.

4. Estudiante aparentemente incapaz

Alumn@s que sienten que pueden tener otras habilidades diferentes al estudio y que podrían ser muy aptos para otro tipo de labores, pero no para el éxito académico. Aquí, pueden desarrollar sentimientos de culpa hacia los adultos de referencia que se esfuerzan en intentar ayudarles y una gran frustración y rabia hacia sí mismos, por no conseguir las expectativas deseadas.

El papel de los cuidadores: cuando ayudar empeora el problema

Uno de los focos clave en intervención es analizar qué están haciendo los adultos con los que convive el/la menor para intentar solucionar la situación. Algunas situaciones usuales que mantienen el problema son:

  • Insistir constantemente (“¿has estudiado?”).

  • Castigar o retirar privilegios de forma reiterada.

  • Supervisar y controlar en exceso.

  • Hacer de “profesor en casa”.

  • Negociar continuamente.

Estas estrategias suelen generar más resistencia, más conflicto o más dependencia. Desde la terapia breve estratégica, no se trata de hacer “más de lo mismo”, sino de cambiar la lógica de intervención.

Intervención desde la terapia breve estratégica

El objetivo no es convencer al niñ@ de que estudie, ni motivarle mediante discursos racionales, sino introducir experiencias diferentes que rompan el patrón disfuncional y orientado a conseguir realmente el objetivo planteado.

Algunas líneas de intervención serían:

1. Reestructurar el apoyo que brindan los padres

Si los padres están insistiendo constantemente, se les puede pedir que dejen de hacerlo de forma estructurada. Esto reduce la presión y cambia la dinámica relacional.

2. Prescripciones paradójicas

En algunos casos, se puede pautar que el niño “no estudie” en determinados momentos o que lo haga de forma limitada. Esto reduce la resistencia y puede reactivar la iniciativa propia.

3. Generar cambios en la percepción

Ayudar al menor a cambiar cómo interpreta el estudio. Pasar de “es una obligación imposible” a “es una tarea que puedo manejar en pequeñas dosis”.

4. Fomentar la autonomía de forma estratégica

En lugar de ayudar más, ayudar mejor: retirarse progresivamente, delegar responsabilidad y permitir que el niño experimente las consecuencias de forma controlada.

Un cambio de enfoque clave

La terapia breve estratégica propone un cambio importante: dejar de preguntarse “¿por qué le pasa esto?” para centrarse en “¿qué mantiene este problema ahora mismo?”.

Este enfoque permite intervenciones más rápidas, concretas y eficaces, ya que actúa directamente sobre las dinámicas que sostienen la dificultad creando patrones nuevos que permitan percibir al menor la situación con respecto al estudio de manera diferente.

Para finalizar...

En este post, he querido trasladar cómo se mantienen en algunos casos los problemas de estudio y algunas estrategias que podrían revertir la situación, pero en cualquier caso siempre es necesario hacer un buen análisis de la situación para poder diseñar una intervención personalizada y óptima para cada estudiante.

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