
Cuando la tierra tiembla
Cómo afrontar situaciones difíciles desde la Terapia Breve Estratégica
8/25/20265 min read

Hay situaciones que irrumpen en nuestra vida sin pedir permiso. Como estamos experimentando últimamente de muy cerca, un terremoto es una de ellas. En cuestión de segundos, aquello que parecía estable puede dejar de serlo y aparecer una sensación difícil de describir: miedo, incertidumbre, vulnerabilidad y, sobre todo, la percepción de haber perdido el control.
Los recientes terremotos y movimientos sísmicos nos recuerdan algo que también ocurre en otros momentos de nuestra vida: no siempre podemos evitar que sucedan determinadas cosas, pero sí podemos trabajar sobre la manera en que respondemos ante ellas.
Desde la Terapia Breve Estratégica, el objetivo no consiste necesariamente en eliminar el miedo o conseguir que una situación difícil deje de afectarnos. Se trata, más bien, de comprender qué hacemos cuando aparece el problema y, especialmente, si nuestras estrategias para afrontarlo están ayudándonos o están contribuyendo a mantenerlo
Cuando el miedo aparece, ¿qué hacemos con él?
Ante una situación potencialmente amenazante, nuestro sistema de alarma se activa. Sin darnos cuenta, puede que estemos más pendiente de las noticias, comprobar si vuelve a temblar, hablar constantemente sobre lo ocurrido o buscar información para intentar anticiparnos a lo que pueda suceder. Estas respuestas tienen una función comprensible: sentir que tenemos algo de control sobre una situación incierta.
El problema aparece cuando aquello que inicialmente hacemos para tranquilizarnos termina alimentando nuestra preocupación.
Por ejemplo, podemos entrar en un círculo como este:
Miedo → necesidad de certeza → búsqueda constante de información → alivio momentáneo → nueva duda → más búsqueda de información → más preocupación.
Podemos llegar a pensar que si seguimos informándonos, conseguiremos estar preparados y no tendremos miedo. Sin embargo, cuanto más intentamos controlar aquello que no podemos controlar, más presente puede mantenerse la amenaza en nuestra mente.
El intento de controlar nos lleva al descontrol.
Una de las ideas fundamentales que podemos extraer desde una perspectiva estratégica es que
no siempre es el problema en sí lo que genera sufrimiento, sino la manera en que intentamos resolverlo.
Ante un terremoto no podemos controlar cuándo se producirá el próximo movimiento sísmico. Sí podemos adoptar medidas de seguridad, informarnos a través de fuentes fiables y seguir las recomendaciones de protección civil.
Pero existe una diferencia importante entre prepararse y tratar de alcanzar una certeza absoluta.
Prepararse puede ser útil. Necesitar tener la garantía de que nada malo va a suceder es una batalla imposible.
Esta distinción puede trasladarse a muchas otras situaciones: una enfermedad, una ruptura, una dificultad laboral, un conflicto familiar o cualquier acontecimiento que nos coloque ante la incertidumbre.
¿Qué podemos hacer desde la Terapia Breve Estratégica?
La Terapia Breve Estratégica pone especial atención en identificar las conductas que ponemos en marcha para solucionar o controlar un problema y que, paradójicamente, pueden estar contribuyendo a mantenerlo.
Por eso, ante una situación complicada, puede resultar útil hacerse algunas preguntas:
1. ¿Qué estoy haciendo para sentirme mejor?
No se trata de juzgarnos. Se trata de observar.
¿Estoy buscando información continuamente? ¿Necesito que otras personas me tranquilicen? ¿Evito determinados lugares? ¿Compruebo constantemente si todo está bien? ¿Intento anticipar todos los escenarios posibles?
Estas conductas pueden proporcionar alivio a corto plazo, pero conviene preguntarse qué efecto tienen a medio y largo plazo.
2. ¿Lo que hago funciona realmente?
Una pregunta aparentemente sencilla puede resultar muy poderosa:
¿Mi manera de afrontar esto está resolviendo el problema o solamente está reduciendo mi ansiedad durante unos minutos? El alivio inmediato no siempre significa que una estrategia sea eficaz.
A veces, aquello que hacemos para no sentir miedo termina enseñándole a nuestro cerebro que, efectivamente, había algo que temer.
3. Diferenciar prevención de control
Hay una diferencia entre tomar precauciones razonables y vivir permanentemente pendiente de que ocurra algo.
La prevención tiene un límite saludable: preparo una mochila de emergencia, conozco las recomendaciones de seguridad y sé qué hacer si vuelve a producirse un movimiento.
El control absoluto, en cambio, no tiene un punto final: ¿Y si ocurre esta noche? ¿Y si estoy solo? ¿Y si es más fuerte? ¿Y si no me doy cuenta?
Uno de los aprendizajes más importantes ante la incertidumbre es que la seguridad absoluta no es una condición necesaria para poder continuar con nuestra vida.
Podemos sentir miedo o incertidumbre y, aun así, salir de casa y hacer planes.
El cambio no consiste siempre en conseguir que la emoción desaparezca. A veces consiste en recuperar el espacio que esa emoción estaba ocupando.
Darle al miedo un lugar, pero no el control
Intentar no pensar en algo puede convertirse, paradójicamente, en una forma de mantenerlo presente.
Cuando nos decimos "no quiero pensar en que vuelva a temblar", nuestra mente necesita comprobar constantemente si estamos pensando en ello. Por eso, en determinadas circunstancias, puede ser más útil permitir que exista cierta preocupación sin convertirla en el centro de nuestra atención. Podemos decirnos: "Es lógico que esto me preocupe. Ha ocurrido algo que me ha asustado. Pero no necesito dedicar cada minuto a anticipar lo que podría pasar".
Aceptar la existencia del miedo no significa resignarse. Significa dejar de utilizar toda nuestra energía en luchar contra una emoción que, en determinadas circunstancias, cumple una función adaptativa.
Volver a lo que sí depende de nosotros
Cuando vivimos acontecimientos que escapan a nuestro control, nuestra mente puede quedarse atrapada en el ¿y si…? Una forma de recuperar equilibrio consiste en volver al presente y preguntarnos qué podemos hacer hoy que esté dentro de nuestro control. Porque no podemos controlar el movimiento de la tierra pero sí podemos trabajar sobre nuestra relación con la incertidumbre.
Las crisis también pueden enseñarnos nuevas formas de afrontamiento. Las situaciones difíciles ponen a prueba nuestras estrategias habituales. A veces descubrimos recursos que no sabíamos que teníamos. Otras veces descubrimos que aquello que antes nos funcionaba ya no resulta suficiente.
Desde la Terapia Breve Estratégica, el foco está en descubrir qué podemos empezar a hacer de manera diferente para construir una experiencia diferente.
Porque cuando una estrategia no funciona, repetirla con más intensidad no suele ser la solución.
A veces, el cambio comienza precisamente cuando dejamos de hacer aquello que, aunque nos proporcione alivio inmediato, mantiene el problema.
Y si el miedo persiste...
Sentir miedo después de experimentar un terremoto (o de ver por la televisión que sucede cerca de nosotros) es una reacción humana y comprensible. Sin embargo, si con el paso del tiempo la ansiedad se intensifica, aparecen evitaciones importantes, dificultades para dormir, ataques de pánico o sientes que has dejado de poder llevar una vida normal, puede ser conveniente buscar ayuda profesional.
Pedir ayuda no significa que no sepamos afrontar las dificultades. Significa reconocer que, en ocasiones, necesitamos incorporar nuevas herramientas.
La vida no siempre permanece estable. Hay momentos en los que la tierra tiembla, literalmente o en sentido metafórico. No siempre podemos evitar que ocurra. Pero sí podemos aprender a recuperar nuestro equilibrio.
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